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A la vista de las distintas variedades de la lengua española, al profesor de español como lengua extranjera se le plantearán de inmediato varias preguntas: ¿qué variedad de español enseñar?, ¿en qué momento del proceso de enseñanza-aprendizaje?, etc.
Las respuestas son variopintas. Lo peligroso es que en el fondo de algunas de ellas late, en ocasiones, un posicionamiento político o ideológico más que lingüístico o didáctico; a saber:
- Enseñar la norma general estándar.
- Enseñar la lengua estándar culta en esa lengua estándar.
- Enseñar todo tipo de variedades.
- Enseñar la variedad que habla el profesor.
Cada uno de estos enfoques o posturas requiere precisiones. La postura más general es la de enseñar la variedad estándar. Los que opinan de este modo consideran que la norma culta estándar ha de ser el modelo de lengua puesto que es la base del lenguaje literario, la que se utiliza en los medios de comunicación y la que sirve para expresar mensajes de cualquier tipo. No obstante, también defienden que secundariamente debe atenderse a otras variedades y registros de la lengua.
Los detractores del estándar argumentan lo siguiente:
- Si se enseña primero la variedad estándar las demás variedades se estudiarán siempre como subsidiarias en vez de considerarse como variedades dignas de estudio por sí mismas.
- Un enfoque intercultural de la enseñanza de las lenguas -y en concreto del español- requiere exponerles a toda la riqueza y a la variedad lingüística y cultural del mundo de habla hispana.
Es evidente que, a pesar de la formación y la instrucción, cada uno de los profesores de español como lengua extranjera lleva al aula su propia variedad lingüística y que para el alumno somos "modelos de lengua" y por tanto, en gran medida esa es la variedad que mayoritariamente va adquirir. Sin embargo, todos hemos de hacer un esfuerzo por enseñar la norma a través de la norma.
Dadas las características del estándar "alto grado de codificación, prestigio, versatilidad, riqueza, estabilidad, función homogeneizadora y de referencia", creemos que es fundamental iniciar la enseñanza del español por esta "variedad" y que una buena adquisición de ésta facilitará una más rápida comprensión y aprendizaje de cualquiera de las demás variedades.
Además, para conseguir que nuestros alumnos sean comunicativamente competentes, hemos de procurar enseñarles no sólo a actuar según las reglas gramaticales del sistema, sino a que atiendan también a las normas de interacción de la sociedad que usa esa lengua y a sus presupuestos culturales. Y eso pasa por conocer y utilizar las distintas variedades lingüísticas. Incluso, aunque no las utilice, pero sí para que las identifique si las escucha, será necesario mostrar e incluso trabajar todos los demás tipos de variantes, pero eso sí, de modo gradual en número y tipo de variantes.
A pesar de que algunos libros de texto las incluyen en los niveles iniciales, es conveniente hacer referencia a los registros en los que se utilizan estructuras y palabras, pero no nos parece conveniente -la experiencia nos lo dice- introducir las variedades diatópicas en las primeras etapas de adquisición del español. En la mayoría de las ocasiones han llevado a nuestros alumnos a la desorientación y al desánimo.
En los niveles intermedios se hace posible trabajar con unidades léxicas y sintácticas de las distintas zonas, sobre todo de Hispanoamérica. Aquí también podemos mostrar y trabajar con el alumno diferentes acentos, tal y como proponemos en alguno de los temas. Es en los niveles avanzados y superiores donde sí consideramos que se pueden introducir conceptos y realizar actividades relacionadas con todas y cada una de las variedades del español.
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